Anaya por fin noqueó a AMLO

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Ricardo Anaya tenía que ir más allá de volver a ganar el segundo debate. Su triunfo en el anterior, en el primero, le sirvió para repuntar en las encuestas, pero no lo suficiente. Hoy necesitaba catapultarse o noquear a su más cercano adversario, Andrés Manuel López Obrador. Al final creo que optó por lo segundo.

Consciente de que José Antonio Meade haría un buen papel, pues es experto en las materias que fueron ejes del debate, Anaya Cortés prefirió centrarse en contrastar sus propuestas y su candidatura con las de AMLO. Lo hizo, y lo hizo bien.

Primero que nada, porque por primera vez en la historia alguien encaró efusivamente a López Obrador. El candidato de la coalición Por México al Frente, en un acto inédito, confrontó físicamente al tabasqueño. Esto ocasionó que el tres veces candidato presidencial se encogiera, sudara. Y se saliera con la tangente con un chiste usando su cartera.

Ahí se materializó la primera diferencia entre una campaña y la otra. Por un lado la de la inteligencia, por el otro la de lo burdo y lo chusco.

Que a los lopezobradoristas les emocione el numerito de la cartera, es reflejo de su ignorancia, simpleza y vulgaridad.

Ahí se confirmó que Andrés es un candidato sin propuestas, admirado por obtusos y mentecatos. Sobre todo porque lo que trascenderá de su participación en el debate será el tema de la billetera.

En cambio Anaya logró desnudar al Peje. Por fin logró sacarlo de sus casillas. Esta noche volvimos ver al tabasqueño visceral, rijoso y vulgar.

Ante las críticas y cuestionamientos de Anaya, López optó por llamarlo canalla, farsante; más adelante fue más allá, y le dijo “ricky riquín canallín”. Una vergüenza.

AMLO jamás contestó a nada. Se volvió a dedicar a ser repetitivo.

Aunado a lo anterior, el macuspano fue contradictorio: arrancó diciendo que no se iba a enfrascar, y acabó trenzado en ataques con Ricardo Anaya.

Por otro lado, vale la pena resaltar que a Meade lo ignoraron. Ya no lo toman en cuenta. Por eso está en tercer lugar. Y concluido este debate, la percepción será irreversible: o López Obrador o Anaya Cortés. No hay más.

Ya no se hablará del “segundo lugar”. Ya no dirán los indecisos que votarán por quien se encuentre en segundo lugar. A partir de mañana es Anaya, y punto.

Otro gran perdedor del debate fue Yuriria Sierra. La vi mal, pésimo. No supo moderar ni entendió el formato del debate. Se le vio hostil y soberbia. Extrañamos a Maerker.

Así que creo que Anaya ganó el debate. Lo ganó por haber esgrimido los mejores argumentos; por haber contrastado con sus adversarios; por haber sido el más claro en la exposición de sus propuestas y el más contundente en sus ataques. Asimismo, resultó evidente que fue el único que entendió el formato; esto se vio en su uso de tiempos: impecable.

Nunca antes en mi vida había visto a AMLO y a su feligresía tan nerviosos, tan aterrados. Le tienen pánico a mi Chicken.

Meade bien. Pero necesitaba un milagro, y no lo tuvo.

Pero insisto, la nota no será el éxito de Anaya en el debate, sino que dejó a Obrador sin palabras, sin respuestas; además lo descontroló y lo desnudó.

El candidato del Frente empezó bien y cerró mejor.

AMLO… todo mal. Otra vez no se preparó, fue evidente. Por eso salió noqueado. Concluyó dando pena ajena. Sin embargo, creo que no caerá en las encuestas.

Lo que sí sucederá es que Anaya por fin comenzará a convencer a los indecisos. Hoy ya está claro; insisto: o con el Frente al futuro, o con MORENA al pasado. Ya no hay más.